Estudiante en práctica (o cómo pasearse por la vida con cara de pregunta)
>> domingo 17 de octubre de 2010
Benito se equivocó. Buscar práctica es lo peor que puede pasarle a alguien. Hay que pasarse semanas, meses para los más desfortunados, con cara de pregunta, haciendo todas las cosas por primera vez, aunque en el fondo sean siempre las mismas. Éste es el verdadero simulacro.
Un simulacro porque, no andemos con rodeos, el trabajo como estudiante en práctica siempre satisface las más mínimas y nimias expectativas de lo que pensabas al entrar a una carrera. Porque claro, una cosa es postular a un centro de investigación periodística, y otra muy distinta ser quien se queda con los créditos y publica sus trabajos. No, la práctica es un chapuzón en la parte baja de la piscina, pero uno consensuado, un piquero que no te atreves a ejecutar de puro miedoso, del puro miedo que te inculcaron en clases a punta de críticas a la redacción confusa o la exageración virulenta (todo lo anterior basado en un caso real).
El caso es que postulé a Ciper, algo que a nadie debería extrañarle ya que me dedico a hablar de sus reportajes aproximadante el 53% de la semana. Como es lógico en mi caso, nadie de mi círculo (sin contar a mi novio) sabía del asunto, a excepción del típico profesor amigo que en estos casos te aconseja para que no des vergüenza ajena en la prueba, en parte de buena onda, en parte porque supongo que los profes también tienen su dignidad y dudo que les interese pseudo-apadrinar a alguien que no salva a nadie.
Así entonces, sin más que una mochila llena de ropa formal que claramente no era mía y que conseguí gracias a mis amigas y sus pruebas solemnes que en una carrera como periodismo jamás tendríamos, partí hasta Santiago a probar suerte. Sí, tal como Carmela llegando desde San Rosendo.
Ciper se ubica en el barrio más esnobmente hipster de Santiago; Bellas Artes, así que ya en el lugar, reducto de liberales progresistas estilo The Clinic (que recordemos, tiene su tienda allí), me di cuenta que por mi pinta había ingresado al submundo de oficinistas adultos jóvenes con facha formal, lo que no deja de dar ciertos rasgos de opulencia y cuyo máximo ejemplo radicó aquel día en que uno de los tipos que piden plata en la esquina de Monjitas me ofreciera voluntariamente fuego para mi Marlboro Light mientras miraba lo caro de los libros de Metales Pesados. Fue como cuando otro de mis profes mentores me dejó sola en su oficina comiendo Nutella regalada o cuando en una reunión con otro académico de mi escuela fumé ML de igual a igual en su sucucho. En realidad es un 87% probable que mis aires de grandeza hayan sido catapultados por la gente que me veía complicada por usar zapatos de suela y no de goma, pero quiero creer que la indignidad no fue tanta, aunque sepa que es mentira.
Luego del cigarro de rigor para calmar los nervios, entré al 152 de José Miguel de la Barra, sede de Ciper. Al subir hasta el tercer piso, descubrí de la peor de las formas que todo mi pseudo poder de adulto joven con blusa de satín nunca tuvo el más mínimo asidero. Desde la secretaria a la directora, nadie usaba camisas o vestidos de sección vejestorios; todos informales, mirando de pies a cabeza mi pinta de teenager que se las da de grande, casi como los niñitos de jardín infantil que juegan a ponerse la ropa de sus padres.
Como era obvio, los nervios habían hecho que previera todo tipo de catástrofe que me impidiera llegar a la hora. Surgió la idea de que me equivocaba de andén de metro o que de tanto leer los diarios como nunca en mi vida me quedaba dormida y despertaba en La Pintana. Como era obvio, lo único que conseguí fue llegar 15 minutos antes de lo presupuestado, aún con 5 de cigarro en la calle.
Ante lo temprano de mi arribo no me quedó otra que copuchar el lugar, cosa que no pude hacer mucho porque, como era de esperarse, la sala de espera era un pasillo sin ventanas con un sillón de dos cuerpos que sólo me dejaba como panorámica una ruma de diarios que era obvio tendrían.
La situación siguió igual hasta que, de improviso, aparece un muchacho igual de formal que yo que toma asiento a mi lado. Tomás, se llamaba, y tenía una pinta de Universidad Adolfo Ibáñez que nadie podía sacarle de encima, por lo que infiero que no quedó o bien ya está apitutado en algún diario en convenio con UAI.
Como la cosa era por orden de llegada, Tomasito se quedó esperando en el sillón de dos cuerpos cuando a las 4 de la tarde me llamaron para hablar con la entrevistadora. Ya en su oficina, sabía que todos los conocimientos que la noche anterior me había obligado a retener en mi cabeza de por sí poco retensiva, debían ser puestos a prueba cual episodio de Quién Quiere ser Millonario. Se suponía que la gente de Ciper era Don Francisco y yo una vil dueña de casa a la que le toca responder cuándo se inventó la aspiradora. Puras preguntas listas y dispuestas para joderte.
Aquí es entonces cuando Tábatha descubre que la ley de murphy existe y que ninguno de los consejos que le dio su querido profesor pseudo-apadrinador y prinicipal patrocinador de su postulación tenían asidero. A diferencia de lo que todo el mundo supone, las preguntas sólo se remitieron a mi opinión sobre el periodismo y mi universidad. Demás esta decir que querían saber con especial ahinco el porqué me interesaba Ciper, aunque dudo que a algún estudiante en práctica no le intenten sacar su opinión sobre el trabajo al que aspira, de lo contrario tendríamos a Kenita Larraín, periodista Uniacc, trabajando en la pauta editorial de Tolerancia Cero.
Luego de 15 minutos en los que a pesar de no ser consultada traté de demostrar claramente que efectivamente sabía todo lo que sabía desde la noche anterior (porque claro, una tampoco es tonta). Salí de la entrevista, convencida de que era poco probable que quedara al ir recién en tercero y haber mandado un texto de nuevo periodismo que poco tenía que ver con investigación.
Sin embargo, y como es de esperar en concordancia con la constante dinámica de refutación de este texto, nada de lo que yo pensaba tenía asidero. Los días pasaron y evidentemente ese "te avisamos la próxima semana" se extendió hasta hace tres días, cuando llaman a mi celular preguntando por la señorita Tábatha.
- Hola. Hablas con Pedro Ramírez, periodista de Ciper. Te llamo para saber si ya tienes resuelta tu práctica profesional.
Evidentemente, una estudiante de tercer año que procrastinó la postulación hasta el último minuto posible (la envié a las 00.00 del vencimiento) y que no tiene resuelto ni lo que almorzará mañana, no cabía dentro de las posibilidades de haber sido aceptada en otro medio, lugar que ni siquiera existía ya que no había aplicado a ningún otro.
- Entonces te informo que eres una de las estudiantes en práctica de Ciper para el verano.
Y voilá, contra todos los pronósticos que sólo yo daba por ciertos, quedé en la práctica.
En realidad, después de ser aceptada nada ha cambiado, es obvio. Sigo teniendo que ir a clases de Publicidad y los mineros aún son portada, sin embargo, en verano todo será distinto, al menos eso creo. Ya no estaré vagando tres meses en Valparaíso y la capital será mi nueva casa, junto al calor y el trabajo.
No creo que la vida me vaya a abandonar justo ahora, sería una historia cruel de esas que sólo pasan en las novelas del siglo XIX. Espero que todo sea bonito y aprenda y todas esas cosas lindas que la gente dice cuando te pasa algo bueno, pero sobre todo, espero aprender a dejar de pasearme por la vida con cara de pregunta y que, por primera vez en la vida, el chapuzón sea desde lo hondo, en una piscina olímpica y sin salvavidas al rescate.
Un simulacro porque, no andemos con rodeos, el trabajo como estudiante en práctica siempre satisface las más mínimas y nimias expectativas de lo que pensabas al entrar a una carrera. Porque claro, una cosa es postular a un centro de investigación periodística, y otra muy distinta ser quien se queda con los créditos y publica sus trabajos. No, la práctica es un chapuzón en la parte baja de la piscina, pero uno consensuado, un piquero que no te atreves a ejecutar de puro miedoso, del puro miedo que te inculcaron en clases a punta de críticas a la redacción confusa o la exageración virulenta (todo lo anterior basado en un caso real).
El caso es que postulé a Ciper, algo que a nadie debería extrañarle ya que me dedico a hablar de sus reportajes aproximadante el 53% de la semana. Como es lógico en mi caso, nadie de mi círculo (sin contar a mi novio) sabía del asunto, a excepción del típico profesor amigo que en estos casos te aconseja para que no des vergüenza ajena en la prueba, en parte de buena onda, en parte porque supongo que los profes también tienen su dignidad y dudo que les interese pseudo-apadrinar a alguien que no salva a nadie.
Así entonces, sin más que una mochila llena de ropa formal que claramente no era mía y que conseguí gracias a mis amigas y sus pruebas solemnes que en una carrera como periodismo jamás tendríamos, partí hasta Santiago a probar suerte. Sí, tal como Carmela llegando desde San Rosendo.
Ciper se ubica en el barrio más esnobmente hipster de Santiago; Bellas Artes, así que ya en el lugar, reducto de liberales progresistas estilo The Clinic (que recordemos, tiene su tienda allí), me di cuenta que por mi pinta había ingresado al submundo de oficinistas adultos jóvenes con facha formal, lo que no deja de dar ciertos rasgos de opulencia y cuyo máximo ejemplo radicó aquel día en que uno de los tipos que piden plata en la esquina de Monjitas me ofreciera voluntariamente fuego para mi Marlboro Light mientras miraba lo caro de los libros de Metales Pesados. Fue como cuando otro de mis profes mentores me dejó sola en su oficina comiendo Nutella regalada o cuando en una reunión con otro académico de mi escuela fumé ML de igual a igual en su sucucho. En realidad es un 87% probable que mis aires de grandeza hayan sido catapultados por la gente que me veía complicada por usar zapatos de suela y no de goma, pero quiero creer que la indignidad no fue tanta, aunque sepa que es mentira.
Luego del cigarro de rigor para calmar los nervios, entré al 152 de José Miguel de la Barra, sede de Ciper. Al subir hasta el tercer piso, descubrí de la peor de las formas que todo mi pseudo poder de adulto joven con blusa de satín nunca tuvo el más mínimo asidero. Desde la secretaria a la directora, nadie usaba camisas o vestidos de sección vejestorios; todos informales, mirando de pies a cabeza mi pinta de teenager que se las da de grande, casi como los niñitos de jardín infantil que juegan a ponerse la ropa de sus padres.
Como era obvio, los nervios habían hecho que previera todo tipo de catástrofe que me impidiera llegar a la hora. Surgió la idea de que me equivocaba de andén de metro o que de tanto leer los diarios como nunca en mi vida me quedaba dormida y despertaba en La Pintana. Como era obvio, lo único que conseguí fue llegar 15 minutos antes de lo presupuestado, aún con 5 de cigarro en la calle.
Ante lo temprano de mi arribo no me quedó otra que copuchar el lugar, cosa que no pude hacer mucho porque, como era de esperarse, la sala de espera era un pasillo sin ventanas con un sillón de dos cuerpos que sólo me dejaba como panorámica una ruma de diarios que era obvio tendrían.
La situación siguió igual hasta que, de improviso, aparece un muchacho igual de formal que yo que toma asiento a mi lado. Tomás, se llamaba, y tenía una pinta de Universidad Adolfo Ibáñez que nadie podía sacarle de encima, por lo que infiero que no quedó o bien ya está apitutado en algún diario en convenio con UAI.
Como la cosa era por orden de llegada, Tomasito se quedó esperando en el sillón de dos cuerpos cuando a las 4 de la tarde me llamaron para hablar con la entrevistadora. Ya en su oficina, sabía que todos los conocimientos que la noche anterior me había obligado a retener en mi cabeza de por sí poco retensiva, debían ser puestos a prueba cual episodio de Quién Quiere ser Millonario. Se suponía que la gente de Ciper era Don Francisco y yo una vil dueña de casa a la que le toca responder cuándo se inventó la aspiradora. Puras preguntas listas y dispuestas para joderte.
Aquí es entonces cuando Tábatha descubre que la ley de murphy existe y que ninguno de los consejos que le dio su querido profesor pseudo-apadrinador y prinicipal patrocinador de su postulación tenían asidero. A diferencia de lo que todo el mundo supone, las preguntas sólo se remitieron a mi opinión sobre el periodismo y mi universidad. Demás esta decir que querían saber con especial ahinco el porqué me interesaba Ciper, aunque dudo que a algún estudiante en práctica no le intenten sacar su opinión sobre el trabajo al que aspira, de lo contrario tendríamos a Kenita Larraín, periodista Uniacc, trabajando en la pauta editorial de Tolerancia Cero.
Luego de 15 minutos en los que a pesar de no ser consultada traté de demostrar claramente que efectivamente sabía todo lo que sabía desde la noche anterior (porque claro, una tampoco es tonta). Salí de la entrevista, convencida de que era poco probable que quedara al ir recién en tercero y haber mandado un texto de nuevo periodismo que poco tenía que ver con investigación.
Sin embargo, y como es de esperar en concordancia con la constante dinámica de refutación de este texto, nada de lo que yo pensaba tenía asidero. Los días pasaron y evidentemente ese "te avisamos la próxima semana" se extendió hasta hace tres días, cuando llaman a mi celular preguntando por la señorita Tábatha.
- Hola. Hablas con Pedro Ramírez, periodista de Ciper. Te llamo para saber si ya tienes resuelta tu práctica profesional.
Evidentemente, una estudiante de tercer año que procrastinó la postulación hasta el último minuto posible (la envié a las 00.00 del vencimiento) y que no tiene resuelto ni lo que almorzará mañana, no cabía dentro de las posibilidades de haber sido aceptada en otro medio, lugar que ni siquiera existía ya que no había aplicado a ningún otro.
- Entonces te informo que eres una de las estudiantes en práctica de Ciper para el verano.
Y voilá, contra todos los pronósticos que sólo yo daba por ciertos, quedé en la práctica.
En realidad, después de ser aceptada nada ha cambiado, es obvio. Sigo teniendo que ir a clases de Publicidad y los mineros aún son portada, sin embargo, en verano todo será distinto, al menos eso creo. Ya no estaré vagando tres meses en Valparaíso y la capital será mi nueva casa, junto al calor y el trabajo.
No creo que la vida me vaya a abandonar justo ahora, sería una historia cruel de esas que sólo pasan en las novelas del siglo XIX. Espero que todo sea bonito y aprenda y todas esas cosas lindas que la gente dice cuando te pasa algo bueno, pero sobre todo, espero aprender a dejar de pasearme por la vida con cara de pregunta y que, por primera vez en la vida, el chapuzón sea desde lo hondo, en una piscina olímpica y sin salvavidas al rescate.
4 comentarios:
Have you considered the fact that this might work another way? I am wondering if anyone else has come across something
exactly the same in the past? Let me know your thoughts...
Congratulations.
Disfruta el reconocimiento cognitivo y los 36º a la sombra.
Y llámame.
I've as a last resort liked things like sand clocks, lava lamps, and the like to type of rightful fritter away time staring at it as a formality of catharsis. In a way, it helps me with meditation, to mitigate lay stress and just assume fro nothing. That's why since I was a kid, a substitute alternatively of dolls and cars I've perpetually sedate more of such pieces like sand clocks, lava lamps, tuneful boxes etc. So I was most charmed when I start the[url=http://www.dealtoworld.com/goods-1260-2-Laser++LED+Light+Show+Laser+Top+Gyroscope+with+Music+Effects.html] 2-Laser + LED Spry Show Laser Top Gyroscope with Music Effects[/url] from DealtoWorld.com under the aegis the Toys section. It's like a harmonious caddy, a spinning top, and a radiance show all rolled into one. Which is capacious amusement! The gyroscope wishes outing for round a minute. The laser explanation pretension with accompanying music makes this gyroscope a rather unequalled fiddle with that my friends get also been most amused with.
My dogs are also pretty outr?about the laser gyroscope I got from DealtoWorld.com. They unceasingly follow the gyroscope as it spins, although at earliest they kept barking at the laser insight boast, and also because it produces music. But after they got tempered to it, they've stopped barking but just keep following the gyroscope whenever I start spinning it. Kids are also pretty amused alongside it. On occasion it's moral to take diverting toys about the blood so that you can pull out the small on while the kids are being amused or playing with it while you count fit out scoff or fall heir to changed. The gyroscope is unified such trinket with this purpose.
The gyroscope I bought from DealtoWorld.com has a dragon as a design on it, and produces a gegenschein indicate with red, blue, and common colours. Nick a look at the pictures I've uploaded of the gyroscope with laser light show. The music produced from the gyroscope is not that great but allowable enough to consider any redone roomer to the house. The gyroscope is red and raven, making it look very cool, and to some macho with that dragon imprint.
The music flare plain gyroscope runs on 6 LR44 batteries, which are replaceable anyway. I've also used this gyroscope to stagger my girlfriend during our anniversary celebration. I did the cheesy thing of decorating the pension cell with roses and when I led her in, I started up the gyroscope as affectionately so that the laser light show produces a fresh effect. I also had some battery operated candles so all the understanding effects created a slightly romanticist atmosphere. She loved it, by the way, to my relief. I also bought the candles from DealtoWorld.com. These days it seems to be my default shopping put for all gifts and ideas in support of romanticist occasions.
Since Christmas is coming, this laser radiance show gyroscope can dialect mayhap be a superb Christmas give-away seeking the toddler or in spite of the favoured! Alternatively, the gyroscope can simply be a kindly addition to the usual Christmas decorations. I can take it as given placing it within a mile of the Christmas tree and perhaps spinning it when guests hit town in the house. Looks like [url=http://www.dealtoworld.com]DealtoWorld.com[/url] is getting my subject yet again!
Y desde la profundidad del febrero que muere, "Espero que todo sea bonito y aprenda y todas esas cosas lindas que la gente dice cuando te pasa algo bueno, pero sobre todo, espero aprender a dejar de pasearme por la vida con cara de pregunta",
funcionó?
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